Rentabilidad ganadera: cómo el Pastoreo Racional Voisin puede cambiar los resultados del campo

La rentabilidad ganadera enfrenta tensiones crecientes: costos de producción en alza, variabilidad climática, respuestas técnicas dispares y una presión cada vez mayor para producir más en menos superficie. En ese escenario, el Pastoreo Racional Voisin (PRV) emerge como un enfoque que vuelve a poner el foco en el recurso más decisivo del sistema: el pasto. Distintos especialistas coinciden en que una ganadería rentable y sostenible requiere recuperar el protagonismo de los procesos biológicos, y el PRV se posiciona como una alternativa capaz de mejorar la productividad sin incrementar la dependencia de insumos externos.

Tal como explica el Ing. Agr. Paulo André Aresi, referente del método en Sudamérica y miembro de la consultora SORIO & ARESI, “es posible producir más con menor costo”. Bajo esa premisa se construye un modelo que reorganiza el manejo del pastizal, aumenta la producción con la misma infraestructura humana y reduce la vulnerabilidad económica del establecimiento.

Los fundamentos del PRV y su impacto en la rentabilidad de la empresa ganadera

El Pastoreo Racional Voisin es un sistema pensado para administrar el crecimiento del pasto en función de su fisiología y no de la disponibilidad inmediata o de la rutina histórica del establecimiento. Su premisa central es que el ganado debe ingresar a cada potrero cuando la pastura alcanza su Punto Óptimo de Reposo, es decir, el momento exacto en el que la planta ha recuperado sus reservas y maximiza su capacidad nutritiva. Este concepto, aparentemente simple, modifica de manera profunda la estructura del sistema.

Cuando el ingreso se da en el punto adecuado, los animales encuentran un forraje con mayor valor nutritivo, lo que permite expresar mejor su potencial productivo.

“Con el control de pastoreo, los animales entran en los potreros cuando el pasto está en su punto óptimo, proporcionando una dieta con mayor valor nutritivo”

Esa mejora nutricional sostenida se traduce en una mayor eficiencia de conversión, mejores ganancias de peso y una curva productiva más estable a lo largo del año.

El impacto no se limita a la dieta. La dinámica del suelo también cambia cuando se respetan los tiempos de reposo y ocupación. Aresi detalla que “el PRV promueve una activación de la vida del suelo y, con el reciclaje de nutrientes, empieza a mejorar su calidad, principalmente la elevación de los niveles de materia orgánica”. Se trata de un proceso gradual, pero con efectos medibles: existen registros de campos que pasaron de 2,1% a 4% de materia orgánica en apenas ocho años de manejo racional. Ese incremento representa, en términos biológicos, una mayor capacidad del suelo para retener agua, almacenar nutrientes y sostener un crecimiento más vigoroso de las pasturas.

La consecuencia directa es el aumento de la producción de pasto. El manejo ordenado, sumado a la mejora de la fertilidad, permite que los rendimientos forrajeros se eleven entre un 30% y un 60% según los casos. Esta disponibilidad adicional, gestionada correctamente, reconfigura por completo la capacidad productiva del sistema.

Uno de los cambios operativos más significativos es el aprovechamiento homogéneo del forraje. En los planteos continuos, los animales seleccionan las áreas más apetecibles y dejan otras casi sin utilizar, especialmente las zonas más alejadas de aguadas y suplementos. El PRV revierte esa dinámica: “quien define dónde y cuándo el animal irá a comer es el pastor”, afirma Aresi. De este modo, la totalidad de la superficie se utiliza de manera pareja y eficiente, lo que incrementa la oferta neta de materia seca consumida por hectárea.

Estos elementos (mayor calidad del forraje, mayor producción y mayor uniformidad de consumo) generan las condiciones para incrementar la carga animal. El PRV permite que la carga se duplique o incluso triplique en un plazo que oscila entre tres y cinco años, una vez que el sistema alcanza cierto grado de estabilidad. La lógica es clara: a mayor oferta y calidad de pasto, más animales pueden sostenerse sin comprometer el balance forrajero ni requerir suplementaciones costosas.

La consecuencia final es el incremento de la producción por hectárea.

“Es muy común en sistemas PRV que la producción aumente tres veces, solamente con la aplicación correcta del manejo de las cuatro leyes de Voisin”

Este salto productivo no depende de insumos extra, sino de un manejo más preciso y adaptado a los tiempos biológicos del pastizal. En un negocio donde la rentabilidad depende de cada kilo adicional producido, esta mejora estructural se convierte en un motor de crecimiento económico.

La ecuación económica: costos iniciales, retorno de inversión y mejora de resultados

El análisis económico del PRV muestra un equilibrio interesante entre inversión inicial, costos operativos y retorno. A diferencia de otros modelos que requieren insumos externos recurrentes, el PRV se fundamenta en una reingeniería de la infraestructura y del manejo. En líneas generales, la inversión se concentra en tres componentes:

  • Cercas eléctricas
  • Sistema de Abastecimiento de agua
  • Provisión de sombra

Son elementos básicos, pero decisivos para garantizar la logística del sistema.

“Las inversiones con cercas eléctricas varían entre 40 y 80 dólares por hectárea, mientras que los sistemas de abastecimiento de agua oscilan entre 60 y 120 dólares por hectárea. Estos valores dependen del tamaño del área, ya que las superficies mayores permiten distribuir mejor los costos.”

Lo más relevante es el tiempo de recuperación. Las inversiones pueden amortizarse en un plazo de uno a tres años, impulsadas principalmente por el aumento de producción que se obtiene desde los primeros ciclos completos de pastoreo. Al incrementarse la oferta forrajera y la carga, los kilos producidos por hectárea crecen sin que lo haga el costo operativo, puesto que el personal necesario para ejecutar el manejo suele ser el mismo. El impacto se siente directamente en el margen bruto y en la rentabilidad anual del establecimiento.

“Los costos en general no cambian mucho, se hace todo el manejo con el mismo personal; lo que impacta es el aumento de producción en la misma área con el mismo costo

Esta característica convierte al PRV en un modelo atractivo en un contexto donde cada peso invertido debe justificar un retorno rápido y sostenible. Las empresas ganaderas tradicionales presentan rentabilidades que suelen ubicarse entre el 1% y el 5% considerando el valor de la tierra. Con PRV, los números son sensiblemente más altos: “entre 5% y 10% de rentabilidad, y es muy común que en algunos casos supere el 10%”, afirma el consultor.

La diferencia es significativa, no solo por el porcentaje, sino por la estabilidad del resultado. Mientras que la ganadería convencional es más vulnerable a los vaivenes de precios e insumos, el PRV construye una estructura de costos más robusta y menos dependiente del mercado. La clave está en que la mayor parte del aumento de productividad proviene del propio sistema biológico y no de inversiones en insumos externos, lo que otorga mayor previsibilidad a mediano y largo plazo.

Además, la mejora en el suelo, la estructura radicular de las plantas y la mayor presencia de materia orgánica generan un beneficio acumulativo que no se revierte año a año. Al contrario, se consolida. De esta forma, el PRV ofrece una rentabilidad que combina eficiencia productiva con resiliencia ambiental, un atributo que cada vez tiene mayor peso en los mercados ganaderos globales.

El siguiente plano realizado por la consultoría SORIO & ARESI demuestra cómo se diseña e implementa un módulo de Pastoreo Racional Voisin (PRV). Se parte de una superficie total de 168 hectáreas, que se divide inicialmente en 70 potreros de 2 hectáreas cada uno. Esta división permite manejar adecuadamente los tiempos de ocupación y descanso del pasto, siguiendo las leyes del PRV.

Además, el diseño contempla la posibilidad de subdividir cada potrero en dos, lo que generaría 140 potreros de 1 hectárea. Esta flexibilidad permite ajustar el nivel de control del pastoreo según la época del año, la disponibilidad de forraje o el objetivo productivo. Cuanto más pequeños son los potreros, mayor precisión se logra en el aprovechamiento del pasto y en la distribución uniforme del ganado.

Pastoreo Racional Voisin: beneficios técnicos, económicos y ambientales para la ganadería sudamericana

El Pastoreo Racional Voisin no solo incrementa la productividad y la rentabilidad. También aporta mejoras ambientales, sociales y técnicas que posicionan al sistema como una herramienta estratégica para la ganadería del continente. El aumento de la materia orgánica, la mejora de la estructura del suelo, la reducción de la erosión, la mayor infiltración de agua y la diversificación de microorganismos transforman al establecimiento en un sistema más estable y capaz de amortiguar años climáticamente adversos.

El impacto social también es relevante: el PRV ordena el manejo, establece rutinas precisas y facilita que el personal trabaje con criterios más claros y observables, lo que mejora la calidad del trabajo y reduce la incertidumbre operativa. En muchos casos, esta profesionalización del manejo genera un cambio cultural dentro del establecimiento y un mayor involucramiento del equipo en las decisiones productivas.

Aresi resume este enfoque en una frase contundente: “El PRV es una excelente solución para viabilizar técnica, económica, social y ambientalmente la ganadería de todo el continente suramericano”. En tiempos donde los sistemas ganaderos deben combinar eficiencia con sustentabilidad, esta afirmación sintetiza uno de los debates centrales del sector: cómo producir más, con mejores procesos y con menor dependencia de factores externos que afectan la rentabilidad.

Lejos de ser una receta instantánea, el PRV implica un cambio de paradigma. Requiere medición, planificación, seguimiento y una comprensión profunda de la dinámica del pasto. Pero sus resultados, cuando el proceso se ejecuta con rigurosidad técnica, demuestran que la biología del sistema puede competir y superar a modelos más dependientes de insumos cuya rentabilidad se diluye con los ciclos económicos.

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