La ganadería argentina entra en una nueva etapa en materia de trazabilidad. El SENASA publicó la Resolución 841/2025, que reglamenta la identificación individual electrónica obligatoria para bovinos, bubalinos y cérvidos. La medida busca fortalecer el sistema sanitario nacional, ordenar la información productiva y alinear al país con estándares internacionales de certificación y exportación. Aunque la discusión venía madurando desde hace años, esta resolución marca la hoja de ruta definitiva para la implementación de dispositivos electrónicos en cada animal, desde su nacimiento hasta su salida del sistema productivo.
¿Qué exige la norma SOBRE CARAVANAS ELECTRÓNICAS OBLIGATORIAS EN ARGENTINA?
La resolución establece que cada animal deberá contar con dos elementos de identificación:
- Caravana visual en la oreja izquierda.
- Identificador electrónico en la oreja derecha, bolo ruminal o microchip subcutáneo, dependiendo del sistema elegido por el productor.
El identificador contendrá un número único vinculado a la base nacional de trazabilidad, que permitirá verificar movimientos, estado sanitario y procedencia en tiempo real.
Además, el productor tendrá la responsabilidad de:
- Aplicar los dispositivos antes del primer movimiento o en el destete.
- Registrar la información en el sistema oficial (SIGSA / SIGBIOTRAZA).
- Actualizar el estado del animal ante traslados, muertes o faena.
Por ese motivo, los frigoríficos deben declarar todos los dispositivos al momento del ingreso, y posteriormente, desactivar dichos dispositivos una vez realizada la faena. Según la resolución, si no se recupera el microchip, esa porción de carne se declararía no apta para consumo. Además, es responsable de avisar inconsistencias al Servicio de Inspección.
Según la normativa, la transición se dividirá en dos etapas:
| Fecha clave | Disposición |
|---|---|
| 1 de diciembre de 2025 | Deja de permitirse la comercialización de caravanas solo visuales para bovinos, bubalinos y cérvidos |
| 1 de enero de 2026 | Todo animal nacido deberá contar con identificación electrónica individual para poder permanecer en el establecimiento o ser movilizado |
¿Por qué SENASA impulsa el sistema de caravanas electrónicas?
El impulso del SENASA hacia las caravanas electrónicas no es un capricho tecnológico. En el fondo, la idea es ordenar una cadena compleja y donde cada animal representa valor y riesgo sanitario. La identificación individual permite que cada bovino tenga un historial claro, verificable y disponible. Si aparece un brote de enfermedad, el rastro es inmediato: origen, movimientos, contactos. Eso evita cierres preventivos generalizados, demoras y pérdidas económicas enormes. Es pasar de la intuición al dato duro cuando más importa.
También hay un factor de mercado. Argentina compite en vitrinas premium donde la trazabilidad no es un extra, sino una condición de entrada. Europa, Estados Unidos, Asia: todos exigen información detallada, origen garantizado y bienestar animal trazable. Quien puede demostrarlo abre mercados y defiende precios; quien no, queda relegado. La identificación electrónica es una herramienta para sostener y ampliar presencia internacional, no una traba.
Por último, el sistema empuja al sector hacia una gestión moderna, que incluye un registro de inventario real, índices reproductivos precisos, control de bajas y movimientos sin margen para errores o “lagunas”. La información deja de estar en papeles desparramados o en la memoria de quien maneja el ganado. Esto fortalece a los establecimientos que ya trabajan con datos y brinda una estructura más competitiva para quienes se suman.
Impacto en el campo: beneficios y desafíos
La implementación de la identificación electrónica podría abrir las puertas hacia un mercado mucho más transparente y eficiente, no solo para el productor, sino también para la cadena en su totalidad. Con cada animal asociado a un código único y registrable de forma automática, la trazabilidad deja de ser una obligación administrativa para convertirse en una herramienta de gestión. Esto significa menos errores humanos, registros más confiables y la posibilidad de seguir índices productivos y reproductivos con mayor exactitud. Para los establecimientos que ya trabajan con software o sistemas digitales, la medida acelera la integración de datos y mejora la capacidad de auditar procesos. A largo plazo, este tipo de control fino se traduce en eficiencia, productividad y acceso a mercados que valoran la transparencia y certificación.
Por otro lado, el cambio plantea exigencias. La incorporación de dispositivos electrónicos, lectores y sistemas digitales implica una inversión inicial que puede sentirse, sobre todo en establecimientos medianos y pequeños. También habrá una curva de aprendizaje: cargar datos, operar sistemas, cumplir plazos de declaración y adaptar rutinas de trabajo no siempre es sencillo para equipos acostumbrados al registro en papel o a métodos tradicionales. La transición tiene fricción y probablemente requiera asesoría y acompañamiento en el territorio.
“En GEN.ar entendemos que este cambio no se trata solamente de caravanas electrónicas, sino de una nueva forma de gestionar hacienda basada en datos. Sabemos que para muchos establecimientos la transición puede sentirse desafiante, pero también vemos una oportunidad que deberíamos aprovechar: profesionalizar procesos, reducir errores y ganar información estrategia para producir mejor. Acompañar al productor en este salto digital es parte de nuestra misión: que la tecnología simplifique y potencie el trabajo en el campo“, Indica Luciana Erneta, directora de desarrollo de GEN.ar, consultora tecnológica de ganadería.
Aun así, el consenso técnico es claro: el paso era inevitable. La ganadería global avanza hacia modelos basados en información detallada y validable. Argentina no puede quedar atrás si pretende proteger su estatus sanitario y mantener competitividad externa. Con el tiempo y la adopción masiva, los costos tienden a reducirse y las herramientas se vuelven más accesibles. En ese escenario, quienes se adapten primero llevarán ventaja: menos burocracia, más control y una producción respaldada por datos, no solo por experiencia o memoria.


